martes, 15 de octubre de 2013

Caminos

El tiempo se ha prolongado de tal manera que perdí la memoria en un sinfín de recuerdos inalterables a mi condición, y en un momento de lucidez advertí que había trazado con sangre de nostalgia los caminos que solía visitar en las tardes del sol como en las noches de luna.
Ya no he vuelto a frecuentar los paisajes en los cuales dejé algo de mí, como un recuerdo, una promesa, una lágrima o tal vez una sonrisa. Buscando algún pretexto, llegué a perderme en dichos lugares con la intención de recordar los caminos que con el paso de los años había olvidado. Sin embargo, ahora solo eran parte de la imaginación del corazón, del alma en los pedestales de los buenos tiempos.
Los rostros, las voces, los lugares, los silencios, solo fueron parte de los caminos que por distintos motivos se fueron alejando de mí como yo de ellos, dejando atrás una historia de locura, de amor y de amistad. Pero a medida que iba impartiendo el desprecio y el apego, entendí que así son los caminos. Algunos están destinados a ser sombra cotidiana de alegría, y otros solo serán efímeros como la lluvia o las temporadas del año. Por eso todos los caminos que tomamos son necesarios aun si el final no ha resultado a nuestro favor, porque la experiencia vale más que cualquier lamento y el arrepentirse jamás llega a cobrar sentido ni valor.
Las fuerzas de un adiós sin precedentes viven como fantasmas en los caminos que en algún momento llegamos a adorar, y es inexplicable como el mal o el buen recuerdo de un amor, dejan huella en cada uno de los escenarios, callados e impacientes de olvido.
Es inevitable evocar su recuerdo cuando entre las horas de mi jornada me veo obligado a atravesar ese portal de tiempo que ella y yo creamos en un irremediable descuido. Hoy no quedan más que historias y confusiones de un pasado que de ahí no se mueve, y retratos en la mente de un exilio permanente vigilado por un nuevo comienzo.
Cada quien siguió su camino, creyendo hasta el cansancio superar una vida compartida de vivencias incontables, para ser reemplazada por un futuro desconocido e incierto, para intentar descubrir nuevos rumbos y escribir una historia distinta, para cambiar la costumbre y reinventar la rutina, en otros ambientes y con otras vidas.
Mientras la desdicha iba cambiando de rostro, nuevos rumbos cobraban color y más vida. Solo bastaba un motivo diferente el cual perdone el abandono de uno mismo. Pero los caminos se ven frustrados cuando solo son espejismos de una aclamada huida por el desgaste del corazón. Debido a esto, nos volvemos ciegos, fríos e incrédulos, que los atajos convencen de manera implacable cada una de nuestras tentaciones. 
El impulso de querer obtener lo que con tanto esfuerzo se logró, se ve opacada por nuestras ganas impacientes de amar. Nos adelantamos al camino, al orden de las cosas, intentando llegar lo más antes posible al podio del amor, y es ahí en donde fallamos, puesto que en algunos momentos, la soledad es mejor compañía que un cuerpo sin alma que no sepa expresar, con la debida intensidad, lo que siente el corazón.
Si el recuerdo no te ayuda a encontrar el camino correcto, significa que aquel trayecto no fue, en un origen, importante para ti. Pero significó algo que no estaba en tus planes, por eso fue especial mientras duró. 
En el camino existirán algunos momentos de distracción, y por la joven idea de sentirnos capaces de todo, buscaremos emprender viajes en busca de misterio y, guiados por la inocencia incontenible que hay en nosotros, nos llevarán al resultado de una complicidad en las pasiones, provocando el sacrifico de algún amor que creíamos sería para siempre. Aunque, y mayormente, es solo cuestión de aventurarnos a lo que se hace llamar 'prohibido', y así dejarnos llevar por el instinto empedernido que habita en nuestro interior.
Todos los caminos encuentran su límite cuando se deja de avanzar, por la simple razón de que no tienen fin, ya que ni la muerte ni el olvido son impedimentos cuando uno trasciende, pero solemos detenernos por orgullo o por simple cansancio. 
Hay algunos caminos que nos obligan a regresar con la ilusa idea de cambiar lo que en su momento no funcionó, pero debemos controlar la nostalgia para evitar que el pasado interrumpa nuestro presente y así seguir con nuestra actual expedición. No caigas, es una trampa de los recuerdos, de la ansiedad por las noches llenas de besos sin amor.
En los diversos itinerarios que gobiernan nuestro tiempo, los sacrificios están a la orden del día, no hay precipicio que conlleve a un mal paso, solo rutas distintas en las cuales, tal vez, nos vayan mejor. Ya que sin darnos cuenta, sin advertirlo, ya somos parte de una vida que queremos para siempre gracias a una pequeña y tal vez insegura pero acertada decisión.
Hoy mis caminos se encuentran en un laberinto plagado de dudas, sin un destino fijo, claro. Cambio constantemente de rumbo y, a veces, suelo regresar obviando todo los desastres que logré sobrevivir. En algunas ocasiones me detengo y espero en medio del camino por si encuentro a alguien que me ayude a recordar hacia dónde voy. Sin embargo, y en momentos muy particulares, voy únicamente conmigo con una sola intención: volver a ser el mismo de antes para encontrar un corazón que emprenda un viaje infinito por los caminos caóticos del amor.


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