sábado, 23 de noviembre de 2013

Extraños

No sé quién eres, te miro fijamente a los ojos y no puedo reconocerte, tampoco entiendo nada, solo tengo la certeza de que estás aquí conmigo.
El silencio es nuestro aliado más íntimo y secreto, en su atmósfera tratamos de descifrarnos, de ver en nosotros a las personas que quisiéramos tener al lado, y nos besamos pensando en nuestros amores perdidos, en nuestras historias acabadas y a medio contar. 
No nos conocemos, somos dos seres totalmente extraños, pero con una intención en común: desprendernos de estos sentimientos que nos torturan por cargar con la imposibilidad de que sean nuevamente correspondidos. 
Somos indiferentes a nuestras vidas, no hay registro de haber compartido algún momento juntos, andamos por andar sin motivos sentimentales y entre soledades seguimos sintiéndonos solos. Sin embargo, sabemos que eso es lo de menos, pues solo buscamos perder la memoria para dejar que el delirio y la angustia se acuesten por última vez. 
Por un momento nos olvidamos del pasado, las palabras ya no tienen efecto y las acciones hablan por nosotros, no hay miradas brillosas ni emociones aceleradas, solo una complicidad de querer acabar enredados en una mentira que nadie entiende, que nadie conoce ni sabrá. 
Nos tenemos mutuamente mientras recordamos una historia que ya no existe y que ya no volverá. Queremos olvidar, pero las caricias ya no tienen valor y terminan en silencio. No hay explicaciones de por medio, hoy somos uno y mañana volveremos a ser dos extraños. 
Estamos conscientes de que esto nos envenena, porque despierto, te miro y pienso: «Qué lástima, no eres ella», y sé que tú también estás pensando en él en cada beso que me das, y no me incomoda porque somos cómplices de un amor que aún vive en nosotros pero que pertenece a otras personas. 
La adrenalina de una noche sin horas, la euforia de una aventura sin memoria, la resaca que traiciona, la vida que te obliga y retomas sin prejuicio de quien te acompaña, porque sabes que si no es hoy, será mañana, porque no en balde la decisión está juzgada por nuestra desesperación de sentir lo que en algún momento nos hizo felices. Pero la única verdad es que cada día morimos un poco, cada día nos volvemos nuestros peores enemigos, cada día se enfrían nuestras almas. 
Estamos enfermos de desamor, motivados por una incomprensible razón, la cual es querer olvidar a toda costa un amor que aún respiramos, que aún sentimos, pero que ni siquiera se atreve a morir ante la ausencia de sus protagonistas. No sabemos muy bien lo que hacemos, improvisar tal vez nos salve de la tentación del olvido indeciso. La soledad no tiene piedad con nosotros, nos quiere ver juntos para sentirnos más solos, nos cohíbe las palabras para no enamorarnos y vivir con el peso de la melancolía.
Ya no depende de nosotros como si de un amor se tratara, estamos enlazados por la desdicha de olvido sin motivo, obligados a exiliarnos en otras almas para calmar el dolor que muy pocos entienden... Y nuevamente te veo como si fueras ella, la imagino en ti y empiezo a delirar, a intentar despojar este amor que no entiende de ausencias, que vive ciego buscando a alguien, buscándola a ella, pero despierto de mi viaje al tan soñado paraíso y reniego conmigo mismo, me cuestiono y me recrimino. Sé que ella también está pasando por lo mismo, su mirada me dice que todavía no olvida a su amado, qué desgracia se vive entre los dos, pienso. Este amor a medias es una simple excusa, una traición a lo que sentimos. 
La compañía no sabe ni sabrá nada al respecto, obviamos los cargos que tenemos, somos socios de la sequía del amor, tan opresores del cariño y asesinos de recuerdos. No hay garantías entre nosotros, somos un momento capturado por la nostalgia que nos invade luego de recordar a nuestros amores que se fueron sin explicación alguna. 
Vivimos llenos de amor pero nos vemos obligados a derrocharlo con quien se cruce en nuestro camino. Jugamos a recordar y a olvidar al mismo tiempo, vivimos engañados, yo sigo enamorado de ella y tú sigues enamorado de él.
Sabemos que esto no va a durar más de unas horas, pero así es el tratado por encontrarnos en el capítulo en donde los protagonistas gozan de una irremediable soledad.
Con el tiempo dejaremos de sentir para vivir como locos entre las personas que caminan con la decepción a su lado. No le debemos nada a nadie, pero hay sombras que nos persiguen y que viven en nuestro silencio. Estamos tan perdidos que ya no distinguimos nada, caminamos por los lugares que ya conocemos pero es como si estuviéramos a solas con el fantasma del amor que perdimos.
Cargamos con una culpa que no aceptamos, nos entendemos tanto pero no podemos permanecer mucho tiempo juntos por depender de una historia que nos tiene colgando de un hilo, la esperanza injusta nos mantiene anclados al pasado.
Vivimos con el alma cansada, vacía y conquistada de ilusiones que se pierden por convivir con personas que no saben ni sabrán nada de nuestras vidas. 
Seguiremos siendo extraños hasta que no dejemos atrás ese pasado que nos hace perder el tiempo, la vida y la oportunidad de empezar de nuevo, lejos de algún tipo de angustias y de recuerdos que ya no nos pertenecen, y que ya no deben porque hacernos sentir mal.

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