domingo, 6 de noviembre de 2011

El silencio

El silencio perturba mis motivos, me brinda ideas que abastecen lo que siento, y a la vez me quita entre voces el susurro y el aliento.
El silencio corrompe mis ganas y atrae mis deseos, quiebra mi llanto y se sumerge en el tópico de los sueños.
El silencio deja un cansancio en mi ser, un frío en mi corazón, no te avisa y te abandona sin algún motivo, sin ninguna explicación.
El silencio juega con mis pensamientos, haciéndome creer que me encuentro rendido ante el peso del tiempo y de los encuentros no planeados.
El silencio nos incita a delatarnos, a querer que no nos escuchen, y a ver a lo imposible, a lo que está fuera de la imaginación.
El silencio como falta de amor o de afecto, hace que el sentirme solo produzca un desvío en este desconocido y futuro trayecto. 
El silencio como fuente de inspiración, me entrega los detalles de la vida, sí, esos mismos que se encuentran escondidos en la reflexión.
El silencio es anonimato, es algo de dolor, es un cambio de ánimo, pero también es paz interior.
El silencio desviste los recuerdos del corazón, escribe versos en el aire y en su misterio revive la ilusión.
Y es que el silencio trae consigo un ruido abstracto que no se escucha, pero que se siente, y que a veces duele… En lo más profundo.



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